¿Cuánto cuesta una página web para un negocio?
De qué depende el precio, qué gastos vienen después y qué preguntar para comparar presupuestos sin llevarte sorpresas.
Depende sobre todo de tres cosas: el tipo de web (una sola página, una web con varias secciones o una tienda online), si se diseña a medida o sobre una plantilla y quién prepara los textos y las fotos. Además del precio inicial hay gastos que se repiten, como el dominio, el alojamiento y el mantenimiento. Antes de comparar precios, compara qué incluye cada presupuesto y de quién es la web al final.
Primero: qué tipo de web necesitas
Preguntar cuánto cuesta una web es como preguntar cuánto cuesta un coche: depende de cuál. Estos son los cuatro tipos más habituales en un negocio, de menos a más trabajo:
- Landing page. Una sola página con un objetivo concreto: que te pidan cita, presupuesto o que te escriban. Sirve para empezar o para lanzar un servicio.
- Web corporativa. Varias páginas: inicio, una por cada servicio, quién eres, preguntas frecuentes y contacto. Es la que mejor funciona para aparecer en Google, porque cada página puede responder a una búsqueda distinta.
- Tienda online. Catálogo, cesta, pagos, envíos y un panel para gestionar pedidos. Lleva bastante más trabajo y más responsabilidad legal.
- Web con funciones a medida. Reservas conectadas a tu agenda, un área privada para clientes, presupuestos automáticos… Aquí el precio depende de lo que tenga que hacer.
Si no tienes claro cuál es la tuya, el test «¿Qué necesito?» te orienta en tres preguntas.
Qué hace que el precio suba o baje
Dentro del mismo tipo de web, el precio cambia sobre todo por esto:
- Diseño a medida o plantilla. Una plantilla es más barata, pero tu web se parecerá a cientos de otras. Un diseño a medida parte de tu negocio y de tu cliente, y se nota en cómo convierte.
- Número de páginas. No cuesta lo mismo una página que quince, sobre todo si cada una lleva su texto propio.
- Quién pone los textos y las fotos. Si los tienes listos, ahorras. Si hay que escribirlos o buscar imágenes, es trabajo extra, aunque suele ser el que más se nota en los resultados.
- Funciones especiales. Reservas, varios idiomas, área de clientes, pagos o conexión con tus programas.
- Empezar de cero o rehacer una web. Al renovar una web que ya tiene visitas hay que revisar qué páginas posicionan y redirigirlas, para no perder lo que ya habías ganado en Google.
- El trabajo para Google. Títulos, velocidad, datos estructurados y una página por servicio. Algunas webs baratas no lo incluyen y luego no aparecen en ninguna búsqueda.
Los gastos que vienen después
El precio de la web no es lo único que vas a pagar. Pregunta siempre por estos gastos, porque se repiten cada año o cada mes:
- Dominio: el nombre de tu web (tunegocio.es). Se renueva cada año y suele ser el gasto más pequeño.
- Alojamiento: el servidor donde vive la web. De él depende en buena parte que cargue rápido.
- Correo profesional: info@tunegocio.es transmite más confianza que una dirección gratuita.
- Certificado de seguridad (https): hoy es imprescindible, y muchos alojamientos ya lo incluyen sin coste.
- Mantenimiento: actualizaciones de seguridad, copias y vigilar que todo funcione. Una web sin mantener se vuelve lenta e insegura con el tiempo.
- Cambios: horarios, precios, fotos nuevas. Si no puedes hacerlos tú, alguien tiene que hacerlos.
Hacerla tú, usar una plantilla o encargarla a medida
Hay tres caminos, y ninguno es malo en sí. Depende de tu tiempo, de tu presupuesto y de lo que esperes de la web.
- Hacerla tú con un creador de webs (Wix, Squarespace y similares). Pagas una cuota mensual y pones tu tiempo. Está bien para empezar si te manejas con el ordenador, pero el resultado depende mucho de cuánto sepas de diseño, textos y Google, y cambiarte después a otro sitio no siempre es fácil.
- Una plantilla montada por otra persona. Es la opción intermedia. Sale más barata que un diseño propio, pero la web se parece a muchas otras y a menudo arrastra funciones que no usas y que la hacen más lenta.
- Una web a medida. Cuesta más al principio, pero está pensada para tu negocio: qué busca tu cliente, qué dudas tiene y cómo llevarle a escribirte. Es la que más rinde cuando la web tiene que traer clientes y no solo «estar».
Qué preguntar antes de aceptar un presupuesto
Dos presupuestos con el mismo precio pueden incluir cosas muy distintas. Antes de decidirte, pregunta:
- ¿El dominio y la web quedan a mi nombre? Si mañana quiero cambiar de proveedor, ¿me los llevo?
- ¿Podré cambiar yo textos, fotos y precios, o tendré que pedirlo cada vez?
- ¿Cuántas rondas de cambios incluye el diseño?
- ¿Incluye los textos legales (aviso legal, privacidad y cookies)?
- ¿Qué trabajo para Google incluye: títulos, velocidad, una página por servicio?
- ¿Qué tendré que pagar cada año después y quién se encarga del mantenimiento?
- ¿Cuándo estará lista y qué necesitas de mí para cumplir ese plazo?
Consejo: pide que todo esto venga por escrito, con lo que incluye, el precio total y el plazo. Un presupuesto claro dice mucho de cómo va a ser el trabajo.
Señales de alarma
- El dominio se registra a nombre del proveedor y no al tuyo.
- Una cuota mensual baja con una permanencia larga y, si te vas, pierdes la web.
- Te garantizan el primer puesto en Google. Nadie puede prometerlo honestamente, porque lo decide Google.
- No hay propuesta por escrito, o no explica qué incluye.
- No te enseñan el diseño antes de programarlo.
Cómo saber si te compensa
Una web no es un gasto fijo como la luz: es una herramienta para conseguir clientes. La forma más sencilla de valorar un presupuesto es calcular cuántos clientes nuevos necesitas para recuperarlo.
Por ejemplo, si cada cliente nuevo te deja 60 € de beneficio y la web cuesta 900 €, se paga con quince clientes. Si tus clientes además repiten, antes. Haz la cuenta con tus números: te ayuda a decidir cuánto tiene sentido invertir y qué funciones merecen la pena.
Y no olvides el otro lado: lo que te cuesta no tenerla. Clientes que te buscan, no te encuentran y llaman a otro.
Cuánto cuesta conmigo
Una web a medida para tu negocio sale desde 450 €, y una tienda online desde 2.400 €. El precio final depende de lo que hemos visto arriba, y te lo mando cerrado y por escrito antes de empezar: qué incluye, cuánto cuesta y cuándo la tienes.
El dominio va a tu nombre, la web es tuya y te dejo un panel sencillo para que cambies textos, fotos y precios sin depender de nadie. Ves el diseño antes de que se programe nada y tienes dos rondas de cambios incluidas.
Si ya tienes una web y no sabes si merece la pena rehacerla o basta con mejorarla, escríbeme y te lo digo, sin compromiso.
Preguntas frecuentes
¿Por qué unas webs son tan baratas y otras cuestan varios miles?+
Porque no son el mismo producto. Las más baratas suelen ser una plantilla con tus datos cambiados, sin textos pensados para vender ni trabajo para Google, y a veces con una cuota mensual y permanencia detrás. Las más caras incluyen diseño propio, textos, funciones a medida o una tienda completa. Lo importante es saber qué estás comprando.
¿Es mejor pagar una cuota mensual que todo de golpe?+
Puede serlo si no quieres hacer un desembolso al principio, pero revisa la letra pequeña: cuánto pagas en total, si hay permanencia y si la web y el dominio pasan a ser tuyos o los pierdes al dejar de pagar.
¿Cuánto tarda en estar lista?+
Una web de pocas páginas con los textos y las fotos preparados puede estar en 1 – 3 semanas. Lo que más suele retrasarla es reunir el contenido, así que conviene empezar por ahí.